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Derecho Societario

Sociedad Limitada de Formación Sucesiva (S.L.F.S.), nueva forma jurídica y subtipo de S.L.

Otra de las novedades legislativas que introducirá la futura Ley de Apoyo a los Emprendedores y a su Internacionalización, la que comúnmente conocemos y venimos denominando como, “Ley de Emprendedores”, es la creación de una nueva forma jurídica de sociedades limitadas o subtipo de éstas para constituir una sociedad, la bautizada como Sociedad Limitada de Formación Sucesiva. El proceso de constitución de esta nueva forma jurídica pretende equipararse al proceso de constitución de las sociedades anónimas, de tal manera que sea necesario suscribir la totalidad del capital social mínimo pero, no el desembolso íntegro del capital social mínimo exigible previo a la firma de la escritura de constitución otorgada ante notario, como por el contrario, sucede en las sociedades limitadas en las que además de ser necesaria la suscripción del capital social mínimo exigible por ley, también lo es el desembolso íntegro del capital social mínimo para que se otorgue la escritura de constitución por el notario.

Actualmente, en la sociedad anónima, se puede depositar o desembolsar el 25% del capital social mínimo, en concreto 15.000 € de los 60.000 € exigidos de capital social mínimo. Por lo que, a diferencia de la sociedad limitada, en la que hay que desembolsar el 100% del capital social mínimo, 3.000 €, este nuevo tipo social o forma jurídica se podrá constituir aportando un capital social inferior al mínimo exigible para las sociedades limitadas, e incluso inferior al 25% exigible para las sociedades anónimas, ya que el capital social mínimo exigible desembolsado será una cantidad simbólica de 1 €, desembolsado a futuro el resto del capital social mínimo exigible coincidente con el que se viene exigiendo para las sociedades limitadas por el artículo 4 de la Ley de Sociedades de Capital, 3.000 €.

Esta novedad legislativa se introducirá modificando el artículo 4 Ley de Sociedades de Capital y añadiendo el artículo 4 bis a este mismo cuerpo normativo.

Esta nueva forma jurídica debería favorecer la creación de empresas a merced de un desembolso de capital social mínimo irrisorio de 1€, pero como contrapartida, hasta que el capital social mínimo no esté totalmente desembolsado, llevará acompañando a su denominación social las siglas S.L.F.S. y tendrá que cumplir ciertas obligaciones o limitaciones:

  1. Dotar la reserva legal del 20% de los beneficios del ejercicio social.
  2. Prohibición del reparto de dividendos a los socios, hasta que el patrimonio neto no sea inferior al capital social mínimo, ni que a consecuencia del reparto, éste fuese inferior al capital social mínimo.
  3. Limitaciones en las retribuciones de los socios y administradores no pudiendo ser superiores al 20% del patrimonio neto correspondiente al ejercicio social.
  4. Limitación de la responsabilidad de los socios al capital social mínimo exigible, ya que en caso de disolución y posterior liquidación de la sociedad, si el patrimonio de la sociedad fuera insuficiente para atender al pago de sus obligaciones, deudas, éstos responderán solidariamente frente a la sociedad y a los acreedores hasta desembolsar la cantidad correspondiente al capital social mínimo exigible por ley; sin perder los socios el privilegio de que su responsabilidad esté limitada al capital aportado en la sociedad, como sucede en la mayoría de nuestras personas jurídicas.

Esta limitación es lógica pero, no suficiente. Decimos que es lógica para que los acreedores de la sociedad tengan garantías de cobro y tengan constancia que no están operando con un ente jurídico sin capitalización alguna, pero no suficiente, porque si las obligaciones de pago con los acreedores, deudas, son superiores a 3.000 € ¿quién respondería de ellas? Porque yo acreedor, me pensaría muy mucho realizar cualquier tipo de operación con este tipo de sociedades,  ya que por lógica no son muy solventes, al no poder constituir una sociedad limitada con un capital social mínimo de 3.000 €, ni con aportaciones dinerarias, ni con no dinerarias, y en el caso de liquidarse la misma, no sé el tiempo que tardarían los socios en desembolsar el capital social mínimo para que satisficiesen su obligación de pago para conmigo, acreedor, y eso pensando muy en positivo, y suponiendo que algún día llegase a satisfacerse ese pago. Porque de lo contrario, tendría que exigir mi derecho de cobro,  muy probablemente llevándome a tomar las medidas legales oportunas, lo que me acarrearía unos gastos innecesarios, que con otro emprendedor que constituya una start up con otra forma jurídica no tendría, o en su defecto, incurriría en pérdidas directamente.

Destacar y no muy positivamente, otra de las limitaciones, en concreto, la limitación a la retribución anual de los socios y administradores, que no podrá exceder del 20% del patrimonio neto, inferior a 3.000 €, hace que la nueva figura societaria resulte prácticamente inviable para los emprendedores que inician su actividad, ya que en valores éstos disfrutarían de una retribución inferior a … ¿qué cantidad? 600 €, inferior al Salario Mínimo Interprofesional que es de 645,30 €, más que inviable.

Como resultado, con este nuevo subtipo societario que no requiere del desembolso de un capital social mínimo, siendo éste irrisorio, 1 €, con el objetivo de abaratar el coste inicial de constituir una sociedad, y con las obligaciones y limitaciones descritas, que introducen en la práctica númerosos problemas técnicos y la facilidad de constitución de sociedades con aportaciones dinerarias o no dinerarias, elementos de inmovilizado material, podemos deducir que en la práctica los emprendedores difícilmente opten por esta nueva estructura societaria, y sea una medida poco efectiva para ayudar al fomento del emprendimiento y de la creación de nuevos puestos de trabajo, más necesarios cada día.

Porque no debemos olvidar cuántas empresas se han visto abocadas al cierre por fallar en el proceso de constitución, aceptando cualquier fórmula jurídica sin haber estudiado antes si ésta se ajusta al modelo del negocio en cuestión, y sin analizar el alcance y el volumen de la empresa para decidir cuándo es más aconsejable un tipo social u otro, dando los primeros pasos imprescindibles de forma errónea sin prestarles la atención que merecen, en lugar de hacerlo documentándonos, recurriendo a los organismos, públicos y privados, especialistas en la materia, o mediante un adecuado asesoramiento legal y fiscal, aunque ello suponga una inversión, ya que después, ésta nos ahorrará muchas de las consecuencias de estos errores.

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Acerca de Paloma Morales Villanueva

Máster en Derecho Empresarial por el Centro de Estudios Garrigues y la Universidad Antonio de Nebrija, Máster de Acceso a la Abogacía por la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid y Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Especializada en Derecho Mercantil y de Empresa. Centrada laboralmente en Derecho Mercantil. Carrera profesional en despachos nacionales, multinacionales y firmas globales como, Renault, Clifford Chance y Merck, Sharp & Dohme y Profesora en Proyectos de Edición e Invetigación Jurídica, en Grupo Difusión y en Instituto Superior de Derecho y Economía (ISDE). Actualmente, Abogada en el Área del Derecho Mercantil, en Bufete Marín.

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